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Nuevo premio a la gama de recetas para el mundo senior, que potencia las capacidades sensoriales y el aporte nutricional óptimo

El proyecto de Medirest para el sector de la tercera edad, Healthy & Delices, consigue un nuevo reconocimiento. Esta vez, se trata del IX Premio Senda en la categoría de Nutrición. Unos galardones que reconocen la labor de las personas, instituciones, empresas y profesionales que se esfuerzan por mejorar la calidad de vida de las personas mayores y/o en situación de dependencia, y por extender la cultura del envejecimiento activo y saludable.

Beatriz de Diego -Responsable de Nutrición de Compass Group- y Enrique Periago -National Operations Manager del área de Senior- fueron los encargados de recoger el premio, cuya entrega se celebró ayer en el Ministerio de Sanidad (Madrid).

En palabras de Beatriz de Diego, “para quienes nos dedicamos cada día a dar de comer a miles de personas mayores, es un orgullo recibir este galardón”. De Diego recordó que “estos proyectos son posibles gracias al compromiso de los equipos de Medirest, desde la Dirección, pasando por nuestros nutricionistas, que ponen la ciencia al servicio de la cocina, y nuestros cocineros, que convierten esa ciencia en sabor. Y, como no, la implicación de nuestros clientes”.

Healthy & Delices es el proyecto desarrollado por Compass Group, de la mano de nuestro partner tecnológico AZTI, que propone elaboraciones especialmente diseñadas para el mundo senior, que potencian las capacidades sensoriales y el aporte nutricional óptimo para las personas mayores. Recientemente ha sido considerada una de las 100 mejores ideas del último año por la revista Actualidad Económica.

La denominada vitamina del sol ha despertado el interés de las sociedades científicas. A priori los factores que favorecen su síntesis y su aporte parecen favorables en un país como España, es decir, numerosas horas de sol y una alimentación mediterránea.

Por eso la sorpresa es mayúscula cuando los estudios poblaciones sugieren que una parte considerable de la población española no alcanza los requerimientos mínimos de esta importante vitamina.

Las formas de obtención

Hay dos formas de obtener vitamina D, imprescindible para la salud de huesos y músculos, así como para el sistema inmunitario.

A través de la alimentación: la vitamina D es liposoluble por lo que las fuentes alimentarias en cuestión son principalmente ricas en grasa. Pescados azules (sardinas, boquerones, atún, emperador, salmón…), crustáceos, lácteos enteros (como la mantequilla) o la yema de huevo, son las principales fuentes. Aunque en la actualidad varios son los alimentos enriquecidos en vitamina D.

Síntesis cutánea: a partir de colesterol, la vitamina D puede ser sintetizada  en la piel en presencia de radiación ultravioleta. Se calcula que cerca del 90% de la vitamina D se obtiene precisamente de la transformación del 7-dehidrocolesterol en previtamina D y posteriormente en el hígado en vitamina D3.

¿Por qué hay déficit de vitamina D?

Existen grupos de población especialmente sensibles, como pueden ser aquellos que no se exponen a la luz solar (personas que trabajan muchas horas en locales cerrados, ancianos institucionalizados, niños pequeños…). Además las necesidades de vitamina D se encuentran aumentadas en determinadas etapas fisiológicas como mujeres postmenopausia, personas mayores con problemas de osteoporosis y adolescentes.

Pero incluso en aquellos individuos que sí toman el sol, lo hacen frecuentemente con cremas de protección solar alta para protegerse del cáncer de piel pero este hecho impide la síntesis cutánea de vitamina D. Lo que en ningún caso significa que dejemos de utilizar estas cremas protectoras.

Se estima también que la calidad de la flora intestinal juega un papel primordial en los niveles plasmáticos de vitamina D dado que esta población de bacterias que habita en el intestino facilita los procesos digestivos y metabólicos y una mejor calidad de flora intestinal se traduce en mejor absorción de algunos micronutrientes, incluida la vitamina D.

Otra de las claves es que se estima que las actuales recomendaciones de vitamina D para población adulta sana, que se sitúan en tan sólo 5 microgramos al día (200 UI), deben ser revisadas al alza.

En cuanto a la alimentación, la tendencia actual de cuidar el peso corporal ha llevado a que algunas personas busquen alimentos bajos en grasas lo que limitaría la ingesta de vitaminas liposolubles, como la vitamina D.

La solución

Buscar la forma de exposición solar moderada. Un paseo diario de aproximadamente 15-20 minutos al sol con cara, brazos y piernas al aire ayudaría a alcanzar un buen nivel de vitamina D o por lo menos a compensar su déficit.

Incluir cada semana 2 raciones de pescado azul, unas 3-4 unidades de huevo y el consumo diario de lácteos enteros o bajos en grasa pero enriquecidos en vitamina D, sería la solución desde el punto de vista nutricional.

A pesar de estas recomendaciones, algunas personas siguen precisando fórmulas y complementos alimenticios a base de vitamina D durante periodos concretos siempre que un especialista lo estime oportuno.

Fuentes:

Begoña Sánchez, directora de Calidad, Nutrición, Seguridad Alimentaria, Prevención y Medioambiente de Compass Group España ha estado en Capital Radio conversando sobre las campañas que tiene en estos momentos en marcha la compañía para aumentar la sensibilidad social sobre dos asuntos clave: la cantidad de comida que desperdiciamos, con #stopfoodwasteday; y el cuidado con alergias e intolerancias alimentarias en comedores escolares, con  ¡Conviértete en su guardián!

En este enlace puedes escuchar la entrevista completa.

Pasillo de un supermercado. Usted con su cesta (o carrito) de la compra busca un determinado producto y cuando lo encuentra, numerosas referencias sobre el mismo le hacen dudar sobre cuál es mejor desde el punto de vista nutricional (además de la relación calidad-precio u otros parámetros). Entonces le da la vuelta a la etiqueta y se dirige a la lista de ingredientes y la tabla de información nutricional. Allí diversas cifras, expresadas en gramos y en miligramos, se mezclan con siglas y porcentajes, como las VRN (Valor de Referencia Nutricional). ¿Le suena?

Dentro del plan de acción global de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el control y prevención de obesidad y sus factores asociados se recomienda no sólo promover una dieta saludable sino también la implementación del etiquetado nutricional de los alimentos.

Y es que el etiquetado nutricional es la forma que tiene la industria alimentaria de comunicarse con el consumidor pero esa comunicación muchas veces es ilegible y confusa.

Logotipos en el frontal de la etiqueta de los alimentos envasados

Por eso, entre ese baile de cifras que aparecen en la parte posterior de la etiqueta y que en ocasiones nos cuesta leer e interpretar parece acertada la iniciativa de colocar un logotipo simple sobre la parte frontal. Así de un solo vistazo podría mejorar la selección de alimentos y aumentar la calidad nutricional de la cesta de la compra.

Uno de los modelos propuestos, y hasta el momento de uso voluntario por parte de la industria alimentaria, es colocar un sistema de etiquetado frontal en el que aparezcan tres colores para indicar si ese producto es rico o no en determinados nutrientes.

El sistema del semáforo nutricional clasifica con color rojo, amarillo o verde los nutrientes de los alimentos para catalogarlos como más o menos saludables en función de su contenido en grasa, grasa saturada, azúcar o sal, así como indicar su valor calórico y el porcentaje que representa sobre las recomendaciones para un adulto medio (actualmente situadas en 2.000 Kcal al día).

Este sistema tiene sus limitaciones. Una de las polémicas surge del hecho de que algunos productos establezcan este código por 100 gramos (que sería lo lógico para establecer unanimidad entre todos los productos) o bien por dosis recomendada como se puede apreciar en el ejemplo (25 g). De esta forma no permite la comparación entre alimentos de la misma categoría si ambos no establecen el código de colores a igualdad de gramaje.

Otra controversia surge para determinados alimentos. Por ejemplo si pensamos en el aceite de oliva, símbolo de la Dieta Mediterránea, está claro que para el nutriente “grasa” el color aplicado será el rojo lo que puede inducir a confusión al consumidor y llevarle a excluirlo de su dieta diaria.

Diversos modelos por países, falta de unanimidad

Aunque el semáforo nutricional o traffic light propuesto por el Reino Unido sea uno de los más utilizados en España, lo cierto es que otros países han diseñado otros modelos como por ejemplo el “keyhole” de los países escandinavos, el modelo “choices” de los países bajos o el “nutriscore” propuesto por Francia.

Actualmente no existe unanimidad sobre cuál es el más adecuado pero tampoco existe obligatoriedad en su inclusión en el etiquetado lo que deja un vacío que promueve que algunas empresas de la industria alimentaria sólo lo utilicen en aquellos de sus productos que “aprueban con el color verde” en los nutrientes más polémicos.

En conclusión

Teniendo en cuenta que la dieta es una pieza fundamental en la prevención y manejo de la obesidad y los factores asociados (colesterol alto, diabetes…) el acto de la compra representa uno de los pasos fundamentales para el diseño de su dieta semanal y la de su familia.

La instauración de sencillos sistemas con código de colores podría ser una buena medida para orientar a los consumidores hacia una mejor elección de los alimentos que adquieren basada en su calidad nutricional pero deben antes establecerse criterios de unanimidad.

Fuentes:

http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2174-51452015000200006